Mateo, el Evangelista del Ciclo A
A MODO DE INTRODUCCIÓN.
Al iniciar la lectura
continuada de un evangelio en la celebración dominical, vale la pena que
tengamos en cuenta sus rasgos más importantes, así como sus peculiaridades más
destacadas. Este es el servicio que se proponen hacer estas líneas, teniendo
siempre delante los textos de Mateo que se leerán este ciclo litúrgico A, que
hemos comenzado en el Adviento del A.D. 2007, especialmente en los domingos del
tiempo ordinario. (Antes de cuaresma y después de pentecostés).
Cada
evangelio tiene un color propio, que lo identifica bastante bien desde las
primeras páginas y a lo largo del relato, por poca atención que se preste. Para
Mateo, numerosas características saltan a la vista. Sólo retenemos las
principales. Dan ya su fisonomía de conjunto.
Durante
mucho tiempo en la liturgia, el evangelio de Mateo tuvo el lugar de honor, ¡la
parte del león! Considerado el más antiguo, compuesto por un plan riguroso y en
un lenguaje cuidado, fue leído y comentado como la obra maestra de los
evangelios, al punto que hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II,
hacia 1965-67, la mayor parte de las lecturas litúrgicas del domingo le eran
tomadas prestadas.
.El nombre Mateo significa "don de
Dios". Es emocionante tener el regalo de este evangelio durante todo un
año litúrgico para despertar en nosotros un profundo amor por el Emmanuel,
"Dios con nosotros".
De un solo vistazo
Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas son llamados
sinópticos. Se pueden mirar de un solo vistazo y por tanto compararlos
fácilmente. Su estructura y su contenido son muy próximos, y su material
organizado de forma globalmente idéntica, aunque con una mirada más atenta se
perciben numerosas diferencias. El evangelio de Juan tiene otra tonalidad, otra
organización de conjunto, otro plan.
Se ha comparado después de mucho tiempo, estudiado,
analizado el material común de los evangelios, y también sus diferencias, para
captar mejor su origen, su procedencia. Eso ha dado lugar a múltiples
hipótesis, y Mateo ha sido siempre figura de primer orden, porque parecía al
mismo tiempo que el más largo, el más cuidado. Pero hoy en día, se ha
establecido un consenso entre los especialistas para considerar, basándose en
múltiples indicios, que Marcos es el primer evangelista, probablemente escrito
hacia 70 D.C. Mateo, volveremos a eso, es más tardío: hacia 80 D.C.
Mateo,
pedagogo.
El Cristo de Mateo es un Cristo que enseña. Eso no quiere
decir que adopté una forma discursiva clásica o moderna, sino que lo hace a
través de una sucesión de expresiones y profundizaciones de su doctrina. El
evangelista nos presenta a menudo la enseñanza de en contraste con la de los
escribas y fariseos, como una manera de decir que es el Mesías: que viene a dar
todo su cumplimiento y toda su expresión a la Ley antigua, que trae la nueva y
definitiva revelación de parte de Dios.
En
este evangelio se actualiza para los cristianos lo que dijo para sus contemporáneos y se insiste en
la expresión práctica de las sentencias de Jesús, hasta el punto de que las
criticas dirigidas a escribas y fariseos podrían convenir, si fuera necesario,
a los cristianos de la Iglesia viva, nuestra Iglesia, nuestras parroquias.
¡El más largo!
Mateo
tiene en griego 18.300, mientras que Marcos sólo tiene 11.300. Mateo tiene la
misma estructura e integra el conjunto del material del evangelio de Marcos.
Pero conlleva además un conjunto de elementos que tiene en común con Lucas. Son
sobre todo palabras, que los exegetas llaman por esa razón logia:
palabras de Jesús. Y Mateo comprenden en fin elementos que son propios de él,
tales como los relatos de la infancia (Mt 1-2), numerosos elementos del relato
de la Pasión y de los de la resurrección, y el final de su evangelio.
Todo
eso lleva a pensar que Mateo debió conocer el evangelio de Marcos en su forma
definitiva o casi, pues es necesario imaginar al principio de los evangelios
una etapa importante de transmisión oral antes de ser escritos. Lo escrito no
eran tan difundido, sino los recuerdos sólidos. Mateo debió conocer a Marcos,
pero también otra fuente: la de los logia, las palabras de Jesús, que Lucas
debió conocer también y utilizar, lo que explica los numerosos elementos que
Mateo y Lucas tienen en común. Y Mateo tiene también fuentes propias, evocadas
más alto. He aquí lo que se puede observar en una lectura atenta de Mateo, y
una comparación con los evangelios de Lucas y de Marcos.
La estructura de su evangelio
El evangelio de Mateo se abre, como el de Lucas [pero cada evangelista
tiene una perspectiva propia], con un relato de los orígenes de Jesús,
comúnmente llamado relato de la infancia de Jesús (Mt 1-2). En el otro extremo
del evangelio, están los relatos de la Pasión y de la Resurrección, que
terminan cada uno de los evangelios. Todo el ministerio de Jesús está situado
entre esos dos grandes conjuntos. Mateo lo presenta haciendo alternar a todo lo
largo de su evangelio relatos y discursos (a veces llamados sermones).
Discursos y actos son para él cada vez como las dos caras del ministerio, o más
profundamente del misterio de Jesús que presenta. Según la expresión de un
exegeta alemán, el Mesías de las palabras es también el Mesías de los actos.
Como
buen pedagogo, el autor del primer evangelio ha sabido organizar las palabras
de Jesús. Nos la presenta en forma condensada, a fin de que causen impacto y
mantengan su fuerza. Las hallamos agrupadas en lo que los exegetas coinciden en
llamar los cinco grandes discursos, y que constituyen una parte muy importante
de las lecturas dominicales del ciclo A. Veámoslo
a.
Instrucciones sobre la justicia del Reino o sermón de la montaña, en los caps.
5-7, que leeremos los D. 4 a 7 (debido al inicio de la Cuaresma este año 96,
dejaremos sin leer las perícopas correspondientes a los D.8 Y 9).
b.
Instrucciones a los mensajeros del Reino, o discurso de la misión, en el cap.
1O, que hallaremos los D. 11 a 13.
c.
Instrucción sobre el misterio del Reino, o sermón de las parábolas, en el cap.
13, proclamado en las misas de los D. 15 a 17.
d.
Instrucción sobre los hijos del Reino, o discurso comunitario, en el cap. 18
(D. 23 Y 24)
e.
Instrucción sobre el paso del Reino actual al Reino del final de los tiempos, o
sermón escatológico, caps. 24 y 25, previsto para los tres últimos domingos
del año litúrgico.
RASGOS
PECUALIARES DE MATEO.
Un
evangelio para una Iglesia.
Los
estudiosos de la Sagrada Escritura coinciden en señalar que Mateo es el
evangelio que tiene una referencia mayor a la vida de la Comunidad Cristiana
en el interior de la cual fue elaborado. Por tanto, leyendo el primer evangelio
no nos hallamos tanto ante la voz de un autor personal como ante la voz -de una
comunidad con la que Mateo se identifica. Esta comunidad nos aparece en actitud
de discípula siempre atenta a mirar a Jesús como Maestro y Señor.
En este evangelio encontramos la profesión de fe del
apóstol Pedro, que es seguida de la
respuesta de Jesús: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…
(Mt 16, 18). Y numerosos otros tratados muestran también la preocupación
eclesial de Mateo. Se ha dicho a menudo de este hecho de Mateo que era un
evangelio eclesiástico, o más simplemente eclesial: un evangelio que a la vez
refleja y construye la vida de una Iglesia.
Eso
hace que las palabras y las acciones de Jesús sean presentadas no simplemente
como objetos de una historia pasada, sino que se trata de saber ver la
presencia de Cristo vivo en la vida diaria de los que lo siguen («dos o tres se
reúnen en mi nombre... « Domingo 23 T.O.). Más aún, el mismo Jesús se identifica
con su comunidad («Quien los recibe a ustedes me recibe a mí” Domingo 13)
Pero
esta comunidad tiene sus problemas, tensiones y dudas. Por eso Mateo se
esfuerza para decir a sus hermanos cristianos cómo lo deben hacer para ser
discípulos de Cristo en un ambiente en el que crece la oposición y el conflicto
con la «sinagoga» y ante la perspectiva de la conversión de los paganos y su
entrada en la Iglesia al lado de los de origen judío. Así entendemos -explica
León Dufour- cómo en este evangelio se actualiza para los cristianos lo que
Jesús dijo para sus contemporáneos. Se insiste en la repercusión práctica de
las sentencias de Jesús hasta el punto de que las críticas dirigidas a los
escribas y fariseos podrían convenir, si fuera necesario, a los cristianos de
la Iglesia viva.
El cumplimiento de las Escrituras:
Jesús. el Mesías Hijo de Dios
El lector un poco atento no puede más que estar
sorprendido del gran uso que Mateo hace de las Escrituras, que nosotros
designamos a menudo como Antiguo Testamento. Las recorre de múltiples maneras:
Jesús las cita, y devuelve interrogando sobre la forma que se leen. Sus
adversarios también las citan, e incluso el diablo en el relato de las
Tentaciones (Mt 4, 1-11). Las masas a la entrada de Jerusalén las hablan, bajo
forma de aclamaciones (Mt 21). Pero el evangelio de Mateo está también
magistralmente recorrido por diez grandes fórmulas que señalan el cumplimiento
o la plenitud de las Escrituras en lo que vive Jesús. El evangelio de Mateo
muestra así con claridad su enraizamiento judío y su diálogo, a veces vigoroso,
con las Escrituras y sobre todo con los escribas y los fariseos, a los cuales
la emprende numerosas veces de manera muy viva. La intención fundamental del evangelio es demostrar que Jesús es el Mesías,
preanunciado en los evangelios de la infancia, declarado solemnemente Hijo de
Dios en la cristofanía del Jordán (D. del Bautismo del Señor), reconocido como
tal por Pedro (D. 21) Y por los otros discípulos («Verdaderamente tú eres el
Hijo de Dios» D. 19) Mesías que su pueblo debería haber acogido pero que va
mostrando una distancia y un rechazo crecientes hacia Jesús (en la Epifanía ya
se entrevé todo este drama) y que culmina con las palabras que leeremos el D.
27: «les será quitado y se le dará a un pueblo que produzca frutos”.
Los
milagros o manifestaciones de poder de Jesús tienen como motivo principal
presentémoslo claramente como Mesías. Por eso aquellos rasgos humanos que
Marcos guardó con tanta espontaneidad son suavizados y podríamos decir que nos
hallamos ante una presentación más hierática de Jesús que deja transparentar
su mesianidad y que nos viene a decir que sólo una incredulidad voluntaria es
capaz de esconder.
El
Evangelio del Reino.
El
tema del Reino tiene en Mateo un peso específico muy fuerte. Lo hallamos nada
más iniciar la lectura continua de este evangelio («Conviértanse, porque ya
está cerca el Reino de los cielos»: D. 3) y nos acompaña hasta el último
domingo («Tomen posesión del Reino»: Cristo Rey). Se trata del Reino mesiánico
que se establece en tres momentos: se inaugura con la venida de Jesucristo; se
irá desarrollando en la tierra después de la muerte-resurrección de Jesús, y,
finalmente, llegara su plenitud al final de los tiempos.
Mateo
nos deja entrever que el Reino se inaugura con Jesús, por ejemplo, por medio de
las numerosas referencias al Antiguo Testamento «para que se cumpliera...» es
una frase muy familiar en el primer evangelio, e indica que las promesas y
esperanzas despertadas en el pueblo de Dios se han ido desarrollando hasta
alcanzar su plenitud: en Jesús se cumplen toda la Ley y los Profetas, él es el
verdadero Israel alrededor del cual se van reuniendo los hijos del Reino (Cfr.
el discurso de las parábolas), que tienen como Ley el sermón de la montaña.
Es
importante para Mateo y su Iglesia demostrar que Jesús, el Mesías, es superior
a Moisés y que la Ley que ahora es promulgada lleva la antigua a la perfección.
Porque en Jesús Dios se ha acercado definitivamente a los hombres. Por eso la
«justicia» del Reino no se obtiene como resultado del esfuerzo puramente humano
(actitud criticada en los escribas y fariseos), sino que es fruto del don de
Dios.
Mateo
nos muestra cómo entendía Jesús que tos primeros del Reino tenían que ser los
miembros del pueblo judío, en actitud de apertura a todo el mundo. Pero no
todos entienden los «secretos» o «misterios» del Reino ni se quieren someter a
la voluntad soberana del Padre, que quiere salvar gratuitamente a todos los
hombres. Por eso veremos cómo -a partir del cap. 14 especialmente- va aumentando
la distancia entre Jesús y los dirigentes religiosos judíos. El drama de Israel
que rechaza a Jesús y al Reino lo veremos con toda su crudeza los D. 25 a 31
(censura de los doctores de la Ley que dicen y no hacen, parábolas de los trabajadores
de la viña, de los dos hijos, de los viñadores homicidas, de la boda del hijo
del rey, etc.)
Pero
si los primeros llamados son excluidos del Reino, va naciendo un pueblo, el
pueblo mesiánico o comunidad de los discípulos de Jesús, formado por el resto
fiel de Israel que ha aceptado al Mesías y por los que provienen del paganismo.
Todos ellos han encontrado en Jesús y su Reino la «perla» o el «tesoro» que ha
dado un vuelco total a sus vidas.
A modo de resumen:
El Evangelio
de Mateo, usado en el ciclo A, tiene dos enfoques. En el primero Jesús es el
Cristo, el Mesías prometido. En el segundo, el reino de Dios está cerca.
Teniendo esto pendiente he aquí algunas de las cosas que puede observar sobre
el evangelio en el ciclo A.
·
Mateo usa elegantemente pasajes del Antiguo Testamento para
ayudar a la gente a entender la herencia judía de Jesús y el cumplimiento de
las promesas de Dios.
·
Mateo muestra especial interés en la Iglesia. Es el único de
los evangelistas que usa la palabra "iglesia". De hecho, muchos han
pensado en su evangelio como un manual para los líderes y catequistas de la
Iglesia.
·
El evangelio impone retos especiales para practicar
diariamente las enseñanzas de Jesús, especialmente en nuevas culturas y tiempos
diferentes. La comunidad de donde viene el Evangelio de Mateo estaba luchando
para llevar el mensaje de Jesús a un mundo nuevo y cambiante. Por esta razón,
los cristianos contemporáneos con frecuencia recurrimos al Evangelio de Mateo
porque ellos enfrentan circunstancias similares.
El mensaje del
Evangelio de Mateo está sintetizado en el primer libro del Nuevo Testamento. En
el primer capítulo, Jesús es llamado Emanuel, que quiere decir "Dios con
nosotros". En el último verso de este evangelio, el Cristo resucitado
promete a sus discípulos: "Yo estaré con ustedes siempre". El mensaje
de Mateo es: Jesús es el Hijo de Dios quien siempre está con nosotros.
Al igual que
los demás evangelistas, Mateo tenía una historia especial que contar, y el
evangelio proclamaría a Jesucristo y su mensaje en una forma única. En él
encontramos al anuncio del ángel a José, la historia de los magos, la
genealogía de Jesús y por supuesto muchas otras cosas.