Contenidos del sitio.
Inicio Quienessomos Finalidad PalabradeDios Colaboraciones Unahistorialiberadora1 Unahistorialiberadora2 ElCenáculo Comunidadvirtual Tusdudas Biblioteca Enlaces

UNA HISTORIA LIBERADORA (II).

“La iglesia de san Mateo, comunidad en crisis”


Dr. José Cárdenas Pallares



 [Página principal Asociación de biblistas mexicanos.]    []

 

I. Comunidad de raíces Judías

San Mateo es el más judío de los cuatro evangelistas, muchos datos apoyan esta afirmación.
El no tiene necesidad de aclarar usos judíos, como las reglas de la pureza (15,1 ss; 23,24) o el vestuario de los fariseos (23,5).
"La imagen de los sepulcros blanqueados es inteligible, sólo si se conocen los cementerios judíos”.
San Mateo compuso una introducción solemne que comportó una atenuación notable del tono de intimidad y de confianza para dirigirse a Dios y añadió una conclusión que redondea la oración del Padre Nuestro. Así la adoptó al uso litúrgico y a la teología judía.
Conceptos como: "justicia", "perfección", "Reino de los cielos", frecuentes en este Evangelio, pueden ser fácilmente distorsionados, si no se tiene en cuenta el mundo mental judío de su tiempo.
San Mateo suprime el comentario de Mc 7,19c, y así aclaraba limpios todos los alimentos.
"A diferencia de Marcos, Mateo no da el paso que lo saque del judaísmo. No embiste contra el mantenimiento de la pureza alimenticia. Esta base común con el judaísmo farisaico, continúa siendo actual para su comunidad"
En la comunidad de San Mateo pagaban impuestos al Templo (17,24‑27), reconocían a las autoridades judías (23,2‑3), observaban el sábado (24,20), estaban expuestos a los castigos de, la Sinagoga (10, 17), y su misión se limitaba a las ovejas perdidas de Israel (10,5‑6).
Estos datos empujan a pensar que "al principio, la comunidad mateana estaba compuesta exclusivamente por judío‑cristianos"
Por eso no nos deben extrañar los paralelismos más notorios con los escritos de Qumran, "por ejemplo la expresión "pobres de espíritu" (1QH 14,3; IQM 14,7), y como la manera de corregir al hermano que peca. El odio al enemigo, rechazado por el Sermón de la montaña, es mandado en Qumran (I QS 2,4ss. 11 ss; 9,2 1 s).
Hay referencias constantes al Antiguo Testamento. Para él, la ley de Moisés conserva su vigencia (5,17‑19), pero "ya hacía mucho tiempo que muchos de los preceptos de la Torá se habían vuelto letra muerta o habían sido drásticamente reinterpretados, no parece probable que Mateo esperara que sus lectores fueran más conservadores en la interpretación o más rigurosos en la observancia de las exigencias rituales de la Torá que los fariseos o las gentes de Qumran. Mateo, 5,19 anima a las observancias de la ley sin hacer de la plena conformidad una "conditio sine qua non" de la membresía de la Iglesia, v.gr, la conducta de Jesús 8,3; 9, 10".
Para San Mateo, el entendimiento correcto de la Ley de Moisés es imprescindible para poder cumplirla, y es precisamente Jesús quien interpreta la Ley de acuerdo a la auténtica intención del Padre celestial; por ejemplo, él es quien enseña cuál es el sentido de la observancia del sábado (12,5.7.12) y cuál es la actitud básica para cumplir de verdad la voluntad de Dios (22,34‑39).

No en balde Papías dijo que San Mateo había sido escrito  hebraidi dialectô  (sin artículo antes de "Hebreo"; es decir, no en lengua hebrea, sino a la manera hebrea de presentar un tema”.

II. Comunidad en líos muy fuertes

La diferencia insalvable entre la comunidad de San Mateo y la dirigencia farisaica consistía en los criterios para determinar qué era o no judío.
Por la importancia capital atribuida a Jesús, para interpretar el sentido original de la ley de Moisés, entendida como expresión de la voluntad de Dios, la comunidad mateana afrontó contratiempos muy fuertes.
Su estado de indefensión es grave: son como ovejas en medio de lobos (10, 16). Los desprecian y calumnian (5,1 l). El odio hacia ellos es generalizado (10,22. Se ven forzados a andar de fugitivos (10,23). Llevan una vida cargada de hostigamientos mortales (10,37). Constantemente están expuestos a la muerte (10,28). Reciben azotes en las sinagogas (10, 17) como malhechores son entregados a las autoridades imperiales (10, 18), incluso por sus mismos familiares (10,2 l).
Sufren el desgarramiento más duro en aquella sociedad; el desconocimiento total por parte de los familiares, y así pierden todo valor y toda seguridad (10,37).
El rechazo que sufren por parte de sus correligionarios es peor que el que pueden dar los paganos (11,20‑24). Por ejemplo, piden la muerte de cruz para los teólogos de la comunidad mateana (23,24).
Estas represalias no son fortuitas. Después de la hecatombe del año 70, cuando Jerusalén fue arrasada, el Templo incendiado y el estado judío aniquilado, "las asociaciones sinagogales se volvieron más susceptibles ante personas o grupúsculos que desde sus filas amenazaban su identidad y su homogeneidad" . Por ver en ella una amenaza a su supervivencia como pueblo de Dios, el judaísmo emergente fue tan duro con la comunidad mateana.
Todas esta medidas punitivas se explican muy bien; la comunidad mateana era vista como un tumor mortífero, como una deformación del judaísmo, incluso como una degeneración, a la que había que borrar del mapa cuanto antes, para que no dañara irremediablemente al pueblo escogido.

III. Comunidad cortada de sus raíces

La ruptura entre el judaísmo y la comunidad de San Mateo fue gradual pero incesante.
Ya San Mateo habla de la Sinagoga de ellos (4,23; 9,3 5; 10, 17; 12,9; 13,54; 23,24).
La última palabra de Jesús dirigida a Israel fue el lamento sobre Jerusalén (23,3 1 ‑39).
El Jesús de San Mateo trata de hipócritas (23,13.15.23.27.29) de guías de ciegos e insensatos (23,16.24), de asesinos (23,29‑39), de descendientes directos, de herederos auténticos de los asesinos de los profetas (23,31), de interiormente corruptos y carentes de interés por acatar la voluntad de Dios (23,27‑28) a los dirigentes judíos.
Para San Mateo, la destrucción de Jerusalén es consecuencia del rechazo por parte de Israel a la invitación a la gran fiesta que Dios les hace en su Hijo Jesús (22,7)
Juzga que el encono mortal a Jesús tiene consecuencias terribles; el reino de Dios es quitado a los enemigos de Jesús y dado a un pueblo que da frutos (21,43).
En el banquete del Reino de los cielos habrá gentes de todas partes, mientras que por su actitud ante Jesús "los hijos del reino serán arrojados a la tiniebla exterior" (8,11 ‑12).
Estos datos reflejan la desilusión profunda de la comunidad por el fracaso rotundo de su misión en tierras palestinas. La disintonía entre realidad y expectativas es hiriente.

Para San Mateo,
1. El pueblo de Dios está formado por los que hacen la voluntad del Padre (7,21),
como está expresada en la Ley.
2. Jesús ha venido como Salvador de Israel (1,2 l), anunciando la llegada del reino
de Dios (4,17) a "los hijos del reino" (8, 1 l), e identificando el doble mandamiento
del amor como el corazón de 1a Ley y los profetas" (22,34‑40).
La expectativa lógica resultante de estas dos convicciones era que Israel encontrara la salvación adhiriéndose a la enseñanza de Jesús, y consiguiendo así “la justicia mayor” (5,20), exigida por la interpretación de la Ley, dada por Jesús; pero esta expectativa no se cumplió. Por lo contrario la experiencia reflejada en el texto es que la proclamación que de Jesús y de su enseñanza hizo la Iglesia fue rechazada por Israel,  de que los que aceptaron a Jesús como Mesías y salvador fueron excluidos y perseguidos" .
Por si esto fuera poco, los intérpretes de la Ley, dotados de autoridad y de competencia (23,2), se opusieron a la misión de la Iglesia.
Esto se veía venir, dado que habían condenado a Jesús, el maestro "que enseña con autoridad" y no como ellos (7,29), el respaldado de manera única por Dios (17,5), el dotado de todo el poder de Dios (28,18) para llevar a todas las gentes por el camino de la vida, a la peor ignominia.
Por todo esto, la comunidad de San Mateo se iba desprendiendo del judaísmo como la fruta madura se desprende del árbol.
Cuando San Mateo escribe su evangelio, el judaísmo se ha vuelto monolítico, dado que el fariseísmo goza de un predominio indiscutible.
Por eso, cuando en el primer evangelio Jesús se refiere a los fariseos, diciendo que "la planta que no ha plantado mi Padre celestial será arrancad” (15,13), en realidad San Mateo está atacando a la corriente teológica que representa, por el control de que dispone, el judaísmo de su tiempo.
Para el evangelista, los fariseos son tontos y ciegos (23,17), pero al fin y al cabo ellos ejercen el poder (23,24.13), son los guías, los dirigentes (23,16.24).
"A este lenguaje inflamatorio se le llama "conducta válvula de escape", porque proporciona la oportunidad de ventilar las frustraciones y la rabia que el grupo siente hacia 9 los que detentan el poder" .
Es la misma reacción que la de los otros grupos judíos que se sintieron relegados y reprimidos, como los autores del Documento de Damasco, de 1 Enoc, de 4 Esdras, de 2y4 Baruc, y de los Salmos de Salomón.

IV. Una comunidad que sabe defenderse

Este evangelio es algo más que una válvula de escape. San Mateo, tiene que recalcar, ante los embates del judaísmo emergente de claro corte farisaico, que su comunidad no ha roto la alianza con el Señor, que su interpretación de la escritura basada en Jesús es correcta, que acatar la enseñanza de Jesús no es romper con la historia y la esperanza de Israel, sino vivir la fidelidad de Dios hasta sus últimas consecuencias, porque "desde el punto de vista de los fariseos ‑que se consideraban la fuerza normativa del judaísmo‑ la comunidad de Mateo ya no es judía" , y por lo tanto se ha alejado de la posibilidad de salvación. Por eso en San Mateo "hay un uso intenso del Antiguo Testamento para reelaborar la Tradición de Jesús” . Explica el origen de Jesús en términos netamente judíos; Jesús es el nuevo Moisés, es el nuevo Israel, es la sabiduría de Dios, es el cumplimiento de la Sagrada Escritura.

Por esto, la Tradición de Jesús es el marco interpretativo con el que la comunidad de San Mateo entiende la Ley de Moisés y a los profetas.
Esto quiere decir, que el grupo que los ataca y ha prevalecido en el judaísmo no es fiel a Dios, pues no cumple con su voluntad de salvación.

Esto quiere decir, que los guías del judaísmo emergente son ciegos y necios (23,15-24). Ellos y su grupo han rechazado la presencia de Dios (23,37‑39). Ellos han rechazado la invitación a la gran fiesta de Dios, se han mostrado como "invitados indignos" (22,1‑8).

En cambio a la comunidad de San Mateo, a la "ecclesia", Jesús le ha comunicado el verdadero entendimiento de la Ley de Dios (12,7; 19,1‑9; 22,34‑40), y por lo tanto son los miembros de esta comunidad los que pueden cumplir con la voluntad de Dios, acatando "la interpretación de Jesús, que identifica el doble mandamiento del amor como el centro material y hermenéutico de la Ley".

              
NOTAS 

J. Gnilka: Das Matthäusevengelium II, 513 (Herder, 1998).

Svon. Dobbeler: Auf der Grenze. Ethos und indentität des Mathäusischen Gemeinde nach Mat. 15,1‑20, 73
(BZ, 2001)

G Gnilka: o.c; 523

Ibidem, 532.

D.R.A Hare: How Jewish is the gospel of Mattew, 270 (CBQ, 2002).

J Kürzinger: Das Papiaszeugnis und die Erzälgestalt des Matthäusvangelium, 19‑38 (BZ, 1960)

K. Pantle‑schreiber: An merbungen zur Auseinandersetzung von Ekklesia und Judentum in  Matthäusevangelium, 152 (ZNW, 1989).

T.L Donaldson: The Law that hangs 705 (CBQ, 1995).

J. A Overinan: Mattwe's Gospel formative Judaism, 147 (Fortness press, 1990).

S. von Dobbeler: o.c.; 659.

J Gnilka: o.c; 513.

T.L Donaldson: o.c, 707.